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martes, 1 de mayo de 2018

AVENTURAS EN LA MARYGALANTE Cap. 6


Querid@s Seguidor@s del blog,

Ha pasado Sant Jordi, pero aunque lo recaudado para ADE, a pesar de ser una cifra bonita, es totalmente insuficiente, puesto que los gastos del refugio son diarios y mantener más de 175 tipos de animales es un gran dispendio, así que seguid de cerca los futuros eventos que hagan, así os divertís y les ayudáis... GRACIAS!!!!!



CAPÍTULO 6
“NORMAS Y HORARIOS

Aparentemente esta vez nada había cambiado en el camarote de Opalena. La muchacha dejó sus cosas bien colocadas y como no sabía muy bien qué hacer decidió ir a la cocina. Justo al salir del camarote se encontró con Ereleig y ambos subieron a la cubierta.
La capitana le decía algo al Sr. Refrany, al acabar se giró y los miró. Les indicó que se acercaran, los chicos lo hicieron.

- Dada la hora que es vayan directamente a clase y al acabar a sus quehaceres, Opalena con el Sr. Cook y Ereleig con el Sr. Corma, tras la cena y una vez terminadas todas sus tareas preséntense en mi camarote antes de ir a dormir. Gracias.
-Sí señora -respondió Ereleig.
-Bien señora -contesto Opalena.

Los grumetes fueron a la sala que le servía de aula escolar. La Sra. Lotte estaba acomodando los libros que habían tomado de la biblioteca en una bonita estantería. Ereleig se acercó y pasó la mano por la madera lisa. Se preguntó de qué manera se harían esas decoraciones tan elaboradas en una estantería. La Sra. Lotte lo miró con una sonrisa.

-No es como las de la biblioteca, ¿verdad? o lo que te preguntas es ¿Cómo se hace?- el muchacho la miró sorprendido.
-Lo segundo Sra. Lotte.
-Las estanterías de la biblioteca son muy famosas, hay quienes visitan la isla sólo para verlas. En muchos lugares se ha tratado de imitar, pero hasta el momento no se conoce a nadie que pueda igualar esa técnica de grabado. Dicen que es obra de Ebanno.
-La Sra. Andurinna me explicó la historia de la biblioteca.
-¿Mientras esperabas al Sr. Lay?
-Sí, quería asearse y me dijo que lo esperara y la Sra. Andurinna fue muy amable.
-Y antes de la biblioteca ¿Dónde fuisteis?
-A capitanía.
- ¿Y después?
-A la biblioteca.

La curiosidad de la Sra. Lotte quedó satisfecha de momento, aunque hubiera preferido que Kuncita no hubiese sido tan precavido esta vez. La mujer no conocía en número exacto de las novias que el Sr. Lay tenía en la isla y su lado cotilla se impacientaba por esa información. Procuró centrarse en la lección y en conseguir que los muchachos aprendieran a leer y escribir decentemente antes de llegar a An-Dro. Les estaba cogiendo cariño con mucha facilidad. Sabía que no era muy buena idea encariñarse con unos chicos que acabarían desapareciendo, como sus predecesores, pero estos tenían una inocencia y docilidad superior a los anteriores, por lo que habría de ir con mucho cuidado.

Tras la lección los chicos se fueron con sus respectivos patrones. Opalena fue a la cocina y Ereleig se quedó con Corma. El marino estaba limpiando sus herramientas y le indicó al muchacho que se quedara quieto y observara. Tras limpiar medio juego de gubias, le entregó el trapo.

-Vemus que pulso haces, loja on celeite pesao, la manga on celeite du linazo. Primo as viruas, logo la manga, tropajo e logo celeite a loja.

Ereleig no le entendía muy bien las palabras, pero había puesto mucha atención a lo que hacía el hombre y se limitó a imitar cada uno de los pasos que le había visto hacer. Primero limpiaba bien la herramienta de virutas con un trapo, luego le ponía una gotita de aceite de un frasquito de barro, embadurnaba bien el mango y luego le pasaba un estropajo metálico o un cepillito de púas, metálicas también, y por último con un trapo diferente le pasaba un aceite que había en un frasco de grueso vidrio. Mojaba ligeramente el trapo y luego frotaba bien toda la parte metálica de la herramienta. El marino le cogió la gubia, la miró y remiró y dio su visto bueno.

-Güeno, pos egal toas e cando acabas las de la caxa, las dejas en la ota.

Le señaló una caja grande llena de herramientas y le acercó otra caja, con una tapa dónde había grabado un intrincado dibujo en espiral. El muchacho lo miró y no pudo reprimir pasar el dedo por encima. No era ni por asomo como los de las estanterías de la biblioteca, pero era bonito.

-¿Tu gustas grabao?
-Sí, señor, es bonito.
-No como as estonterias de biblio- el hombre le guiñó un ojo- e mi promer trabajo con maese  Osé. Si curras ben ou te enseno. E Hidie te ensena a triscar mamientas e montar otores, es o mellor micanico do Mastrara. Tu curras muxo, e nos contentos, e nos te ensenamos.

Ereleig lo miró un tanto confuso, la rapidez de habla del hombre y lo diferente del idioma no le permitían entenderle. Corma le sonrió y le señaló la caja de herramientas por limpiar. El chico se aplicó a ello. Al rato se estar allí sentado, con el aire revoloteándole el pelo, oliendo el mar, sintiendo el calor del sol sobre su cabeza y oyendo los chillidos de las gavimetas se sintió contento, no entendían muy bien por qué, pero se sentía contento.

Alzó el rostro y contempló la cubierta. El Sr. Refrany seguía al timón, detrás suyo miss Egaine limpiaba su flauta. En el castillo de popa la capitana y el Sr. Lay hacían algo sobre un mapa. Miró el palo mayor, el Sr. Dandy paseaba por el travesaño ayudando a Hidie a soltar trapo. A lo mejor el Sr.Dandy tenía algún tipo de ventosa en las zarpas y por eso podía andar por las paredes sin caerse. Recordó que uno de los chicos lo había llamado el perro maldito, pero la verdad era un perro muy simpático, no se te acercaba mucho y no se dejaba acariciar, pero te hacia volteretas muy graciosas. Volvió a su tarea de limpiar las herramientas y las fue dejando perfectamente ordenadas en la caja.

Opalena preparaba verduras para la ensalada en su mesita del rincón cuando el Sr. Cook la llamó.

-Lena, por favor, ven a ayudarme un momento.

La chica dejó el cuchillo dentro de la funda y se acercó al horno, que es dónde estaba el Sr. Cook. Éste estaba preparando algo en un gran bol que removía sin cesar.

-Toma la cuchara un momento y sigue removiendo a este ritmo, así, sin parar ni ir más deprisa o se cortará la crema. Voy a guardar las provisiones al cuarto frío antes de que pase más tiempo. Vuelvo en un rato, tu remueve sin parar hasta que yo vuelva.

La chica asintió con la cabeza y se aplicó a hacer tal como le había dicho el cocinero. El hombre la observó un momento y al comprobar que mantenía el ritmo correcto se fue al cuarto frio, una habitación que había al final de un corto pasillo en la parte trasera de la cocina. La chica se aplicó a la tarea, pero repetir el mismo gesto constantemente consiguió que su mente comenzara a llenarse de pensamientos y aquel nombre le volvió a la memoria.

Hobrén. No sabía si era un lugar, una región, un país o un planeta, pero lo poco que le habían explicado era muy desagradable. Uno de los más íntimos secretos de familia de los Archiduques de Pema era que uno de su linaje había sido enviado allí como castigo por una fechoría. Opalena no recordaba si era pariente del Archiduque o de su esposa, era uno de esos primos por ambas partes del que sólo hablaban a altas horas de la noche cuando, tras una fiesta, habían abusado en demasía de la bebida.

La muchacha había oído sin querer una acalorada discusión entre los Archiduques. Ella estaba haciendo la guardia en el pasillo de escapada de la habitación de la señora y se había quedado dormida. La despertaron las agrias recriminaciones de la señora a su marido y escuchó claramente cómo le preguntaba si quería acabar en Hobrén, como Augustus Rajoi de Pema, el Archiduque la mandó callar y al poco abría la puerta del pasillo, para comprobar si alguien los había oído, por suerte Opalena había quedado en el angosto rincón tras la puerta y no la vio.

Poco tiempo después de aquello, la madre de la cocinera, le explicó que la doncella de la señora se había ahogado en el lago. Aquel mismo día el jardinero, que era quien cuidaba de Opalena, le dijo que si le preguntaban dónde se hallaba la noche de la fiesta dijera que se había dormido en la casita del jardín. Unos días después, el ama de llaves le preguntó sobre el día de la fiesta, la muchacha le dijo que estuvo ayudando a la cocinera, lo que era cierto, y que al estar muy cansada se durmió sin querer. Por suerte para Opalena no le preguntaron nada más.

Durante su estancia en las cloacas, una vez que ayudó a trasladar a un compañero que se estaba muriendo, tuvo que oír los desvaríos del moribundo que hablaba de Hobrén y los caníbales que allí vivían. Repetía una y otra vez que los piratas les llevaban niños para comer en sus rituales. Agarró a Opalena y le dijo que huyera del barco de la bandera sangrienta y del de la mariposa escarlata, esos vendían niños a Hobrén y aquel que pisa esa tierra jamás vuelve. El hombre siguió con sus advertencias hasta que llegaron al dispensario y allí se lo llevaron los enfermeros.

Era, también, una de las más temidas amenazas: "Acabarás en Hobrén" "Acabarás como Hobrén""Te llevarán a Hobrén""No te querrían ni en Hobrén"... Ciertamente, fuera lo que fuera Hobrén, no era un buen sitio al que ir.

Opalena giró la cabeza intentando alejar aquellos lúgubres pensamientos y lo que vio la dejó petrificada. En la puerta de la cocina estaba el perro grande, el del nombre raro, y la miraba. El corazón de la chica se aceleró mientras se sentía paralizada por completo. El animal se quedó quieto y desvió la mirada hacia la derecha. Tras un instante miró al otro lado y de nuevo a la chica. Ninguno de los dos se movió. Opalena pensaba en que tenía que remover la crema, pero su cuerpo seguía inmóvil. El perro dio un paso adelante muy lentamente y se quedó nuevamente quieto mirando a un lado.

El Sr. Cook salió del cuarto frio y allí se los encontró. Opalena quieta, mirando al animal y el perro quieto mirando al rincón. Al escuchar al hombre el animal lo miró y movió la cola ligeramente.

-Sr. Eivioc, perdone, olvidé su cena. Lena, por favor, acércate más al caldero para que pueda pasar.

Opalena fue incapaz de moverse, el Sr. Cook entendió que algo iba mal. Se acercó a la chica, tapando con su cuerpo al perro.

-¿Estás bien muchacha?

Opalena no respondió, bajó la mirada y de repente sus brazos le obedecieron y comenzó a remover la crema. Por la resistencia que notó en el fondo del caldero supo que se había pegado. Al momento notó el olor a quemado y, casi instantáneamente, la crema blanca se convirtió en una amalgama de grumos marrones y líquido turbio. El miedo a la mordedura dejó paso al miedo y la vergüenza del castigo. No se atrevió a alzar el rostro.

-Se, se, se ha estropeado. Lo, lo siento mucho Sr. Cook -el hombre le puso una mano sobre el hombro.
-Bueno, suele pasar las primeras veces, tendría que haberla acabado yo y que tú sólo miraras. Discúlpame Opalena, es que trabajas muy bien y olvido que estás aprendiendo -la chica se atrevió a mirar al hombre-, también he olvidado la cena del Sr. Eivioc y el pobre debe estar muy hambriento, pero es muy tímido y no pasará a comer si no nos apartamos, vamos al fregadero.

Con un gesto el cocinero la invitó a pasar y la muchacha lo hizo de inmediato. Desde allí vio como el perro se acercaba al lugar del caldero y miraba al Sr. Cook.

-¡Adelante Sr. Eivioc! - el perro hizo el gesto de dar un paso pero retrocedió y volvió a mirar a las personas-. Lena si no le das permiso no comerá - la chica lo miró entre confusa y sorprendida-, le tienes que decir lo mismo que le he dicho yo, adelante Sr. Eivioc.
- A, a adelante Sr. Eivioc.

El perro dio un par de pasos hacia el caldero, miró de nuevo a los humanos y dio dos pasos más en dirección al plato dónde le dejaban las sobras. Terminó su ración en dos bocados. Miró de nuevo hacia el fregadero y movió la cola. El Sr. Cook fue hasta el caldero y el perro se le acercó. El hombre le acarició la abundante melena del pecho, luego le rascó un poco detrás de las orejas y lo dejó ir. El perro salió lentamente. El cocinero miró a Opalena.

-Parece que le das un poco de miedo. No se lo tomes a mal, es que un perro muy sensible, pero verás que con el tiempo se le pasará. A Egane no se le acercó en casi dos meses y ahora hasta hacen guardia juntos. Bien, vamos a pensar otra cosa para la cena que sustituya la crema. Ve a terminar las verduras.

Esta vez la cena fue silenciosa. Tras las gracias cada uno se concentró en su plato. La Sra. Lotte propuso dos temas de conversación, pero el grueso de la tripulación prefería comer en silencio y a ello se dedicaron.

Una vez terminada la comida cada uno fue a sus asuntos, menos Ereleig  al que informaron que, de momento, tenía tiempo libre hasta la hora de ir a dormir. El chico no sabía qué hacer, así que fue a la cubierta y se puso a contemplar el mar. El sol comenzaba a declinar y la luz se tornaba anaranjada, pero aún quedaba bastante rato antes de que se hiciera oscuro. Recordó que estaba citado en la habitación de la capitana, pero quería esperar a Opalena. Siguió contemplando el mar otro ratito, pero estar allí quieto sin nada que hacer se le hacía muy raro. Paseó la mirada y vio que los hermanos Uxián estaban sobre el castillo de popa haciendo algo, se decidió a ir a mirar.

La capitana y el segundo de a bordo repasaban uno de los mapas que habían traído de la biblioteca. Procuraban encontrar la ruta más sencilla hacia la nebulosa de Deen.

-Si esto es Fuyido, lo más rápido es cruzarlo por el cinturón interior, en el exterior estaremos zigzagueando constantemente, hay demasiada basura -el hombre le mostraba una zona llena de puntos de color verdoso.
- Estoy de acuerdo, pero eso si realmente es Fuyido, este mapa es totalmente diferente al de Comandancia y tampoco coincide con el del libro de rutas.
- A saber lo que te han dado en Comandancia, y del libro de rutas ya sabemos que tiene más erratas que agujeros una flauta...
-Sr. Lay, ese será su libro, el mío es exacto y en Comandancia me dieron la documentación sellada, por lo que ha de ser correcta.
-Bien, pues ¿Porqué cada mapa es diferente?
-No lo sé, tal vez son secciones y hay que montarlas para tener el mapa completo.
- Yo propongo seguir el de la biblioteca, o pedir uno de la central en An-Dro.
-Eso sería tener que esperar una semana. No quiero navegar con el monzón.
-Calafatea otra vez a La Marygalante.
- No quiero volver a calafatear a La Marygalante.
-Pues sería lo más conveniente ¡Sólo por precaución!- el hombre alzó el tono.
- Si no nos desviamos de la ruta no hay ninguna necesidad de ello.
- ¡Como decida capitana, yo la he advertido! -sentenció algo bruscamente.
-¿Sr. Lay? ¿Qué te pasa? Ya supongo que no has dormido apenas nada, pero este mal humor.
- Disculpa Larimar, estoy algo cansado y ya sabes que siempre me ha exasperado trazar rutas sobre papel.
- Dejémoslo por hoy pues. ¿Tienes aquí la patente de mercantes?
-Sí - el hombre metió la mano en su bolsa y rebuscó dentro, sacó el sobre de Capitanía y le cayeron un par de sus cartas personales, la capitana leyó el destinatario.
- ¡Oh, así que es eso! ¿Ciara te ha plantado? - el hombre asintió con la cabeza y le enseñó el fajo de cartas al completo-. Te lo he dicho siempre: una, máximo dos, en cada puerto. Ese es el truco. Ve a dormir y mañana será un nuevo día.
- Si, de acuerdo, gracias Larimar.
- Buenas noches Sr. Lay, por favor, deja abierto, no sé dónde está el Sr. Eivioc.
- ¿Te envío a los chicos si han acabado?
- No, que vengan ellos por sí mismos, toca normas y horarios.

Kuncita le hizo el saludo del Almirantazgo, cruzar los brazos sobre el pecho y tocarse los hombros con los puños, y salió del camarote.

Larimar volvió a mirar el mapa, no dejaba de preguntarse porque era diferente. Sabía que su libro de rutas era exacto, pero en lo que se refería a los últimos 60 años. Actualmente había muchas nuevas rutas por lo que, aún a pesar de su cariño al libro, sabía que ya no podía confiar al cien por cien en él. Era por esto por lo que había pedido mapas a la biblioteca, los actualizados al momento se tenían que pedir en An-Dro, pero los de la biblioteca eran los más recientes. Lo que la desconcertaba era que fuera tan diferente al de Comandancia, su expedición era encargo de ellos, la ruta había de ser la más minuciosamente estudiada, para reducir riesgos, ya era excederse el lugar a dónde iban y la fecha de entrega.

Sin retraso se podía efectuar con el máximo de garantías en seguridad y tiempo; pero ya tenía el primer contratiempo: tres mapas de un mismo fragmento estelar y todos diferentes. La única certeza que tenía de momento era que aquella parte del firmamento estaba muy poco explorada y seguiría así hasta que ellos llegasen.

Esa era otra parte del encargo de Comandancia, la captación de un mapa actualizado. Algo que de lo que no había informado aún al Sr. Lay, pues si algo lo aburría, exasperaba y agriaba era el trazado de mapas, la única asignatura que no aprobó en la escuela naval hasta el décimo intento, y eso porque consiguió que ella se saltara las normas y lo ayudara.

Hablando de normas, el Sr. Eivioc seguía sin aparecer y tocaba sermonear a los grumetes. Era mejor que conocieran cuanto antes su manera de trabajar, para minimizar malos entendidos. Era tan sencillo como decirles que aquel era su barco, ella ley absoluta y allí se hacía lo que ella decía, como ella decía y cuando ella lo decía. Y ellos no tenían más que obedecer las órdenes recibidas al momento y sin rechistar.

Opalena ya había fregado todos los platos y cacharros de la cena. El Sr. Cook le dijo que ya los secaría y guardaría él, que fuera a descansar. La muchacha salió de la cocina y salió a cubierta a buscar a Ereleig. Lo vio sobre el castillo de popa con los hermanos Uxián. Se encaminó hacia allí. El sol se ponía por el horizonte y comenzaba a hacerse oscuro, por ello no vio a los perros hasta que los tuvo casi al frente. Al verlos se quedó quieta y se le escapó un pequeño grito de susto. El Sr. Eivioc dio media vuelta y corrió hasta el timón, donde se quedo echado junto a Miss Egane. El Sr. Dandy le movió la cola, le ladró un par de veces y rodó sobre sí mismo, se alzó sobre sus patas traseras y la saludó con las delanteras. Opalena no pudo evitar sonreír, aquel perrito era gracioso. El can, al verla sonreír, dio un par de vueltas a su alrededor y salió corriendo hacia el timón, donde se quedó al lado del otro perro. Los ladridos habían llamado la atención del personal en cubierta y Ereleig, al ver a su amiga, corrió hasta su lado. Juntos fueron al camarote de la capitana.

La puerta de la habitación estaba abierta y vieron a la mujer recogiendo los papeles de la mesa. Se quedaron ante el marco de la puerta y, como al parecer la capitana no reparaba en ellos, Ereleig golpeó suavemente el marco.

- Permiso para entrar -dijo el chico recordando sus días en el hotel.
- Adelante, disculpad el desorden, siéntense, en un momento estoy con ustedes.

El chico paseó la mirada por el camarote, procurando ver dónde estaba el desorden, pues a excepción de la mesa, en la que tenía tres libros abiertos, los mapas, un par de folios, unos instrumentos raros y útiles de escritura, el resto estaba impecablemente recogido. Y tampoco es que hubiera muchas cosas en la habitación. Un único cuadro colgaba de la pared junto a un mueble estrecho. La mesa, que sí que era muy grande, y bajo la ventana un largo baúl de madera naranja con herrajes de un azul cobalto muy brillante. Nada más.

-Bien -comenzó la mujer una vez ya tenía la mesa totalmente despejada de todo lo que la había cubierto-. Las normas en La Marygalante son muy estrictas y se han de cumplir a rajatabla, por el buen funcionamiento y convivencia a bordo. Este es un espacio reducido que hemos de compartir mucho personal. Los horarios se han de cumplir puntualmente. La puntualidad es esencial en esta nave, por respeto a ella y a los compañeros de trabajo. Se ha de ser puntual en los turnos de comida, los de trabajo y ocio, cada vez que efectuemos un desembarco y las guardias, aunque de esto ustedes están exentos. Los turnos son rotativos en las labores comunes y fijos en las precisas de cada miembro de la tripulación. Hay labores que son personales de cada tripulante y son: limpieza y orden de su camarote y enseres personales. Esto es: recoger su cama, limpieza de suelo y letrina, así como de paredes, techo y cristales. Cama, suelo y letrina es a diario, techo paredes y cristales a su criterio, siempre que no excedan de los seis meses techo y paredes, ni el mes los cristales, no soporto los cristales sucios. La ropa se lava en la medida que se necesita y es labor de la Sra. Lotte, se la han de dejar en la lavandería, no tolero ropa sucia en los camarotes. Las sábanas se cambian una vez por semana. La higiene es necesaria para disfrutar de una buena salud; tanto higiene física como del lugar dónde habitamos y piensen que habitamos y trabajamos en el mismo lugar. -la mujer se quedó un momento callada, como si hubiera si estuviera escuchando algo-, Disculpad, tengo una urgencia, pueden ir a dormir, continuaremos la charla mañana.

Dicho esto los chicos se levantaron y salieron, seguidos por la capitana, que pidiendo permiso les adelantó y subió de dos en dos las escaleras. Los chicos se miraron un momento.

-Caray, cuantas normas. Bueno, vuelvo con los hermanos Uxián, están arreglando un aparato que recibe cartas, o eso creo, como no les entiendo muy bien, la gente de Mastrara habla muy raro...
-¿Son de Mastrara?
- Eso creo, pero como hablan así... ¿Por qué?
- ¿No lo conoces? Es un país de destierro.
- Y eso, ¿Que quiere decir?
- Que la gente que lo habita ha sido desterrada de su país de origen.
- ¡Ah! Bueno, voy a ver si ya han terminado. ¡Buenas noches Opalena!

El muchacho volvió al castillo de popa, donde los hermanos seguían sumidos en su tarea. La muchacha fue a su camarote. La capitana llegó a la sentina y entendió por qué el perro se había escondido allí.

-Oh, Sr. Eivioc. Anda, vamos, voy a limpiarte y a limpiar todo esto...

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