Hola! si estás aquí seguramente te gustan los cuentos, si alguno de los que publico te atrae de manera especial y te gustaría utilizarlo, PRIMERO me pides permiso al mail valuenh.asoc@outlook.com ¡Muchas gracias y que disfrutes!

martes, 1 de mayo de 2018

AVENTURAS EN LA MARYGALANTE Cap. 6


Querid@s Seguidor@s del blog,

Ha pasado Sant Jordi, pero aunque lo recaudado para ADE, a pesar de ser una cifra bonita es totalmente insuficiente, puesto que los gastos del refugio son diarios y mantener más de 175 tipos de animales es un gran dispendio, así que seguid de cerca los futuros eventos que hagan, así os divertís y les ayudais... GRACIAS!!!!!



CAPÍTULO 6
“NORMAS Y HORARIOS

Aparentemente esta vez nada había cambiado en el camarote de Opalena. La muchacha dejó sus cosas bien colocadas y como no sabía muy bien qué hacer decidió ir a la cocina. Justo al salir del camarote se encontró con Ereleig y ambos subieron a la cubierta.
La capitana le decía algo al Sr. Refrany, al acabar se giró y los miró. Les indicó que se acercaran, los chicos lo hicieron.

- Dada la hora que es vayan directamente a clase y al acabar a sus quehaceres, Opalena con el Sr. Cook y Ereleig con el Sr. Corma, tras la cena y una vez terminadas todas sus tareas preséntense en mi camarote antes de ir a dormir. Gracias.
-Sí señora -respondió Ereleig.
-Bien señora -contesto Opalena.

Los grumetes fueron a la sala que le servía de aula escolar. La Sra. Lotte estaba acomodando los libros que habían tomado de la biblioteca en una bonita estantería. Ereleig se acercó y pasó la mano por la madera lisa. Se preguntó de qué manera se harían esas decoraciones tan elaboradas en una estantería. La Sra. Lotte lo miró con una sonrisa.

-No es como las de la biblioteca, ¿verdad? o lo que te preguntas es ¿Cómo se hace?- el muchacho la miró sorprendido.
-Lo segundo Sra. Lotte.
-Las estanterías de la biblioteca son muy famosas, hay quienes visitan la isla sólo para verlas. En muchos lugares se ha tratado de imitar, pero hasta el momento no se conoce a nadie que pueda igualar esa técnica de grabado. Dicen que es obra de Ebanno.
-La Sra. Andurinna me explicó la historia de la biblioteca.
-¿Mientras esperabas al Sr. Lay?
-Sí, quería asearse y me dijo que lo esperara y la Sra. Andurinna fue muy amable.
-Y antes de la biblioteca ¿Dónde fuisteis?
-A capitanía.
- ¿Y después?
-A la biblioteca.

La curiosidad de la Sra. Lotte quedó satisfecha de momento, aunque hubiera preferido que Kuncita no hubiese sido tan precavido esta vez. La mujer no conocía en número exacto de las novias que el Sr. Lay tenía en la isla y su lado cotilla se impacientaba por esa información. Procuró centrarse en la lección y en conseguir que los muchachos aprendieran a leer y escribir decentemente antes de llegar a An-Dro. Les estaba cogiendo cariño con mucha facilidad. Sabía que no era muy buena idea encariñarse con unos chicos que acabarían desapareciendo, como sus predecesores, pero estos tenían una inocencia y docilidad superior a los anteriores, por lo que habría de ir con mucho cuidado.

Tras la lección los chicos se fueron con sus respectivos patrones. Opalena fue a la cocina y Ereleig se quedó con Corma. El marino estaba limpiando sus herramientas y le indicó al muchacho que se quedara quieto y observara. Tras limpiar medio juego de gubias, le entregó el trapo.

-Vemus que pulso haces, loja on celeite pesao, la manga on celeite du linazo. Primo as viruas, logo la manga, tropajo e logo celeite a loja.

Ereleig no le entendía muy bien las palabras, pero había puesto mucha atención a lo que hacía el hombre y se limitó a imitar cada uno de los pasos que le había visto hacer. Primero limpiaba bien la herramienta de virutas con un trapo, luego le ponía una gotita de aceite de un frasquito de barro, embadurnaba bien el mango y luego le pasaba un estropajo metálico o un cepillito de púas, metálicas también, y por último con un trapo diferente le pasaba un aceite que había en un frasco de grueso vidrio. Mojaba ligeramente el trapo y luego frotaba bien toda la parte metálica de la herramienta. El marino le cogió la gubia, la miró y remiró y dio su visto bueno.

-Güeno, pos egal toas e cando acabas las de la caxa, las dejas en la ota.

Le señaló una caja grande llena de herramientas y le acercó otra caja, con una tapa dónde había grabado un intrincado dibujo en espiral. El muchacho lo miró y no pudo reprimir pasar el dedo por encima. No era ni por asomo como los de las estanterías de la biblioteca, pero era bonito.

-¿Tu gustas grabao?
-Sí, señor, es bonito.
-No como as estonterias de biblio- el hombre le guiñó un ojo- e mi promer trabajo con maese  Osé. Si curras ben ou te enseno. E Hidie te ensena a triscar mamientas e montar otores, es o mellor micanico do Mastrara. Tu curras muxo, e nos contentos, e nos te ensenamos.

Ereleig lo miró un tanto confuso, la rapidez de habla del hombre y lo diferente del idioma no le permitían entenderle. Corma le sonrió y le señaló la caja de herramientas por limpiar. El chico se aplicó a ello. Al rato se estar allí sentado, con el aire revoloteándole el pelo, oliendo el mar, sintiendo el calor del sol sobre su cabeza y oyendo los chillidos de las gavimetas se sintió contento, no entendían muy bien por qué, pero se sentía contento.

Alzó el rostro y contempló la cubierta. El Sr. Refrany seguía al timón, detrás suyo miss Egaine limpiaba su flauta. En el castillo de popa la capitana y el Sr. Lay hacían algo sobre un mapa. Miró el palo mayor, el Sr. Dandy paseaba por el travesaño ayudando a Hidie a soltar trapo. A lo mejor el Sr.Dandy tenía algún tipo de ventosa en las zarpas y por eso podía andar por las paredes sin caerse. Recordó que uno de los chicos lo había llamado el perro maldito, pero la verdad era un perro muy simpático, no se te acercaba mucho y no se dejaba acariciar, pero te hacia volteretas muy graciosas. Volvió a su tarea de limpiar las herramientas y las fue dejando perfectamente ordenadas en la caja.

Opalena preparaba verduras para la ensalada en su mesita del rincón cuando el Sr. Cook la llamó.

-Lena, por favor, ven a ayudarme un momento.

La chica dejó el cuchillo dentro de la funda y se acercó al horno, que es dónde estaba el Sr. Cook. Éste estaba preparando algo en un gran bol que removía sin cesar.

-Toma la cuchara un momento y sigue removiendo a este ritmo, así, sin parar ni ir más deprisa o se cortará la crema. Voy a guardar las provisiones al cuarto frío antes de que pase más tiempo. Vuelvo en un rato, tu remueve sin parar hasta que yo vuelva.

La chica asintió con la cabeza y se aplicó a hacer tal como le había dicho el cocinero. El hombre la observó un momento y al comprobar que mantenía el ritmo correcto se fue al cuarto frio, una habitación que había al final de un corto pasillo en la parte trasera de la cocina. La chica se aplicó a la tarea, pero repetir el mismo gesto constantemente consiguió que su mente comenzara a llenarse de pensamientos y aquel nombre le volvió a la memoria.

Hobrén. No sabía si era un lugar, una región, un país o un planeta, pero lo poco que le habían explicado era muy desagradable. Uno de los más íntimos secretos de familia de los Archiduques de Pema era que uno de su linaje había sido enviado allí como castigo por una fechoría. Opalena no recordaba si era pariente del Archiduque o de su esposa, era uno de esos primos por ambas partes del que sólo hablaban a altas horas de la noche cuando, tras una fiesta, habían abusado en demasía de la bebida.

La muchacha había oído sin querer una acalorada discusión entre los Archiduques. Ella estaba haciendo la guardia en el pasillo de escapada de la habitación de la señora y se había quedado dormida. La despertaron las agrias recriminaciones de la señora a su marido y escuchó claramente cómo le preguntaba si quería acabar en Hobrén, como Augustus Rajoi de Pema, el Archiduque la mandó callar y al poco abría la puerta del pasillo, para comprobar si alguien los había oído, por suerte Opalena había quedado en el angosto rincón tras la puerta y no la vio.

Poco tiempo después de aquello, la madre de la cocinera, le explicó que la doncella de la señora se había ahogado en el lago. Aquel mismo día el jardinero, que era quien cuidaba de Opalena, le dijo que si le preguntaban dónde se hallaba la noche de la fiesta dijera que se había dormido en la casita del jardín. Unos días después, el ama de llaves le preguntó sobre el día de la fiesta, la muchacha le dijo que estuvo ayudando a la cocinera, lo que era cierto, y que al estar muy cansada se durmió sin querer. Por suerte para Opalena no le preguntaron nada más.

Durante su estancia en las cloacas, una vez que ayudó a trasladar a un compañero que se estaba muriendo, tuvo que oír los desvaríos del moribundo que hablaba de Hobrén y los caníbales que allí vivían. Repetía una y otra vez que los piratas les llevaban niños para comer en sus rituales. Agarró a Opalena y le dijo que huyera del barco de la bandera sangrienta y del de la mariposa escarlata, esos vendían niños a Hobrén y aquel que pisa esa tierra jamás vuelve. El hombre siguió con sus advertencias hasta que llegaron al dispensario y allí se lo llevaron los enfermeros.

Era, también, una de las más temidas amenazas: "Acabarás en Hobrén" "Acabarás como Hobrén""Te llevarán a Hobrén""No te querrían ni en Hobrén"... Ciertamente, fuera lo que fuera Hobrén, no era un buen sitio al que ir.

Opalena giró la cabeza intentando alejar aquellos lúgubres pensamientos y lo que vio la dejó petrificada. En la puerta de la cocina estaba el perro grande, el del nombre raro, y la miraba. El corazón de la chica se aceleró mientras se sentía paralizada por completo. El animal se quedó quieto y desvió la mirada hacia la derecha. Tras un instante miró al otro lado y de nuevo a la chica. Ninguno de los dos se movió. Opalena pensaba en que tenía que remover la crema, pero su cuerpo seguía inmóvil. El perro dio un paso adelante muy lentamente y se quedó nuevamente quieto mirando a un lado.

El Sr. Cook salió del cuarto frio y allí se los encontró. Opalena quieta, mirando al animal y el perro quieto mirando al rincón. Al escuchar al hombre el animal lo miró y movió la cola ligeramente.

-Sr. Eivioc, perdone, olvidé su cena. Lena, por favor, acércate más al caldero para que pueda pasar.

Opalena fue incapaz de moverse, el Sr. Cook entendió que algo iba mal. Se acercó a la chica, tapando con su cuerpo al perro.

-¿Estás bien muchacha?

Opalena no respondió, bajó la mirada y de repente sus brazos le obedecieron y comenzó a remover la crema. Por la resistencia que notó en el fondo del caldero supo que se había pegado. Al momento notó el olor a quemado y, casi instantáneamente, la crema blanca se convirtió en una amalgama de grumos marrones y líquido turbio. El miedo a la mordedura dejó paso al miedo y la vergüenza del castigo. No se atrevió a alzar el rostro.

-Se, se, se ha estropeado. Lo, lo siento mucho Sr. Cook -el hombre le puso una mano sobre el hombro.
-Bueno, suele pasar las primeras veces, tendría que haberla acabado yo y que tú sólo miraras. Discúlpame Opalena, es que trabajas muy bien y olvido que estás aprendiendo -la chica se atrevió a mirar al hombre-, también he olvidado la cena del Sr. Eivioc y el pobre debe estar muy hambriento, pero es muy tímido y no pasará a comer si no nos apartamos, vamos al fregadero.

Con un gesto el cocinero la invitó a pasar y la muchacha lo hizo de inmediato. Desde allí vio como el perro se acercaba al lugar del caldero y miraba al Sr. Cook.

-¡Adelante Sr. Eivioc! - el perro hizo el gesto de dar un paso pero retrocedió y volvió a mirar a las personas-. Lena si no le das permiso no comerá - la chica lo miró entre confusa y sorprendida-, le tienes que decir lo mismo que le he dicho yo, adelante Sr. Eivioc.
- A, a adelante Sr. Eivioc.

El perro dio un par de pasos hacia el caldero, miró de nuevo a los humanos y dio dos pasos más en dirección al plato dónde le dejaban las sobras. Terminó su ración en dos bocados. Miró de nuevo hacia el fregadero y movió la cola. El Sr. Cook fue hasta el caldero y el perro se le acercó. El hombre le acarició la abundante melena del pecho, luego le rascó un poco detrás de las orejas y lo dejó ir. El perro salió lentamente. El cocinero miró a Opalena.

-Parece que le das un poco de miedo. No se lo tomes a mal, es que un perro muy sensible, pero verás que con el tiempo se le pasará. A Egane no se le acercó en casi dos meses y ahora hasta hacen guardia juntos. Bien, vamos a pensar otra cosa para la cena que sustituya la crema. Ve a terminar las verduras.

Esta vez la cena fue silenciosa. Tras las gracias cada uno se concentró en su plato. La Sra. Lotte propuso dos temas de conversación, pero el grueso de la tripulación prefería comer en silencio y a ello se dedicaron.

Una vez terminada la comida cada uno fue a sus asuntos, menos Ereleig  al que informaron que, de momento, tenía tiempo libre hasta la hora de ir a dormir. El chico no sabía qué hacer, así que fue a la cubierta y se puso a contemplar el mar. El sol comenzaba a declinar y la luz se tornaba anaranjada, pero aún quedaba bastante rato antes de que se hiciera oscuro. Recordó que estaba citado en la habitación de la capitana, pero quería esperar a Opalena. Siguió contemplando el mar otro ratito, pero estar allí quieto sin nada que hacer se le hacía muy raro. Paseó la mirada y vio que los hermanos Uxián estaban sobre el castillo de popa haciendo algo, se decidió a ir a mirar.

La capitana y el segundo de a bordo repasaban uno de los mapas que habían traído de la biblioteca. Procuraban encontrar la ruta más sencilla hacia la nebulosa de Deen.

-Si esto es Fuyido, lo más rápido es cruzarlo por el cinturón interior, en el exterior estaremos zigzagueando constantemente, hay demasiada basura -el hombre le mostraba una zona llena de puntos de color verdoso.
- Estoy de acuerdo, pero eso si realmente es Fuyido, este mapa es totalmente diferente al de Comandancia y tampoco coincide con el del libro de rutas.
- A saber lo que te han dado en Comandancia, y del libro de rutas ya sabemos que tiene más erratas que agujeros una flauta...
-Sr. Lay, ese será su libro, el mío es exacto y en Comandancia me dieron la documentación sellada, por lo que ha de ser correcta.
-Bien, pues ¿Porqué cada mapa es diferente?
-No lo sé, tal vez son secciones y hay que montarlas para tener el mapa completo.
- Yo propongo seguir el de la biblioteca, o pedir uno de la central en An-Dro.
-Eso sería tener que esperar una semana. No quiero navegar con el monzón.
-Calafatea otra vez a La Marygalante.
- No quiero volver a calafatear a La Marygalante.
-Pues sería lo más conveniente ¡Sólo por precaución!- el hombre alzó el tono.
- Si no nos desviamos de la ruta no hay ninguna necesidad de ello.
- ¡Como decida capitana, yo la he advertido! -sentenció algo bruscamente.
-¿Sr. Lay? ¿Qué te pasa? Ya supongo que no has dormido apenas nada, pero este mal humor.
- Disculpa Larimar, estoy algo cansado y ya sabes que siempre me ha exasperado trazar rutas sobre papel.
- Dejémoslo por hoy pues. ¿Tienes aquí la patente de mercantes?
-Sí - el hombre metió la mano en su bolsa y rebuscó dentro, sacó el sobre de Capitanía y le cayeron un par de sus cartas personales, la capitana leyó el destinatario.
- ¡Oh, así que es eso! ¿Ciara te ha plantado? - el hombre asintió con la cabeza y le enseñó el fajo de cartas al completo-. Te lo he dicho siempre: una, máximo dos, en cada puerto. Ese es el truco. Ve a dormir y mañana será un nuevo día.
- Si, de acuerdo, gracias Larimar.
- Buenas noches Sr. Lay, por favor, deja abierto, no sé dónde está el Sr. Eivioc.
- ¿Te envío a los chicos si han acabado?
- No, que vengan ellos por sí mismos, toca normas y horarios.

Kuncita le hizo el saludo del Almirantazgo, cruzar los brazos sobre el pecho y tocarse los hombros con los puños, y salió del camarote.

Larimar volvió a mirar el mapa, no dejaba de preguntarse porque era diferente. Sabía que su libro de rutas era exacto, pero en lo que se refería a los últimos 60 años. Actualmente había muchas nuevas rutas por lo que, aún a pesar de su cariño al libro, sabía que ya no podía confiar al cien por cien en él. Era por esto por lo que había pedido mapas a la biblioteca, los actualizados al momento se tenían que pedir en An-Dro, pero los de la biblioteca eran los más recientes. Lo que la desconcertaba era que fuera tan diferente al de Comandancia, su expedición era encargo de ellos, la ruta había de ser la más minuciosamente estudiada, para reducir riesgos, ya era excederse el lugar a dónde iban y la fecha de entrega.

Sin retraso se podía efectuar con el máximo de garantías en seguridad y tiempo; pero ya tenía el primer contratiempo: tres mapas de un mismo fragmento estelar y todos diferentes. La única certeza que tenía de momento era que aquella parte del firmamento estaba muy poco explorada y seguiría así hasta que ellos llegasen.

Esa era otra parte del encargo de Comandancia, la captación de un mapa actualizado. Algo que de lo que no había informado aún al Sr. Lay, pues si algo lo aburría, exasperaba y agriaba era el trazado de mapas, la única asignatura que no aprobó en la escuela naval hasta el décimo intento, y eso porque consiguió que ella se saltara las normas y lo ayudara.

Hablando de normas, el Sr. Eivioc seguía sin aparecer y tocaba sermonear a los grumetes. Era mejor que conocieran cuanto antes su manera de trabajar, para minimizar malos entendidos. Era tan sencillo como decirles que aquel era su barco, ella ley absoluta y allí se hacía lo que ella decía, como ella decía y cuando ella lo decía. Y ellos no tenían más que obedecer las órdenes recibidas al momento y sin rechistar.

Opalena ya había fregado todos los platos y cacharros de la cena. El Sr. Cook le dijo que ya los secaría y guardaría él, que fuera a descansar. La muchacha salió de la cocina y salió a cubierta a buscar a Ereleig. Lo vio sobre el castillo de popa con los hermanos Uxián. Se encaminó hacia allí. El sol se ponía por el horizonte y comenzaba a hacerse oscuro, por ello no vio a los perros hasta que los tuvo casi al frente. Al verlos se quedó quieta y se le escapó un pequeño grito de susto. El Sr. Eivioc dio media vuelta y corrió hasta el timón, donde se quedo echado junto a Miss Egane. El Sr. Dandy le movió la cola, le ladró un par de veces y rodó sobre sí mismo, se alzó sobre sus patas traseras y la saludó con las delanteras. Opalena no pudo evitar sonreír, aquel perrito era gracioso. El can, al verla sonreír, dio un par de vueltas a su alrededor y salió corriendo hacia el timón, donde se quedó al lado del otro perro. Los ladridos habían llamado la atención del personal en cubierta y Ereleig, al ver a su amiga, corrió hasta su lado. Juntos fueron al camarote de la capitana.

La puerta de la habitación estaba abierta y vieron a la mujer recogiendo los papeles de la mesa. Se quedaron ante el marco de la puerta y, como al parecer la capitana no reparaba en ellos, Ereleig golpeó suavemente el marco.

- Permiso para entrar -dijo el chico recordando sus días en el hotel.
- Adelante, disculpad el desorden, siéntense, en un momento estoy con ustedes.

El chico paseó la mirada por el camarote, procurando ver dónde estaba el desorden, pues a excepción de la mesa, en la que tenía tres libros abiertos, los mapas, un par de folios, unos instrumentos raros y útiles de escritura, el resto estaba impecablemente recogido. Y tampoco es que hubiera muchas cosas en la habitación. Un único cuadro colgaba de la pared junto a un mueble estrecho. La mesa, que sí que era muy grande, y bajo la ventana un largo baúl de madera naranja con herrajes de un azul cobalto muy brillante. Nada más.

-Bien -comenzó la mujer una vez ya tenía la mesa totalmente despejada de todo lo que la había cubierto-. Las normas en La Marygalante son muy estrictas y se han de cumplir a rajatabla, por el buen funcionamiento y convivencia a bordo. Este es un espacio reducido que hemos de compartir mucho personal. Los horarios se han de cumplir puntualmente. La puntualidad es esencial en esta nave, por respeto a ella y a los compañeros de trabajo. Se ha de ser puntual en los turnos de comida, los de trabajo y ocio, cada vez que efectuemos un desembarco y las guardias, aunque de esto ustedes están exentos. Los turnos son rotativos en las labores comunes y fijos en las precisas de cada miembro de la tripulación. Hay labores que son personales de cada tripulante y son: limpieza y orden de su camarote y enseres personales. Esto es: recoger su cama, limpieza de suelo y letrina, así como de paredes, techo y cristales. Cama, suelo y letrina es a diario, techo paredes y cristales a su criterio, siempre que no excedan de los seis meses techo y paredes, ni el mes los cristales, no soporto los cristales sucios. La ropa se lava en la medida que se necesita y es labor de la Sra. Lotte, se la han de dejar en la lavandería, no tolero ropa sucia en los camarotes. Las sábanas se cambian una vez por semana. La higiene es necesaria para disfrutar de una buena salud; tanto higiene física como del lugar dónde habitamos y piensen que habitamos y trabajamos en el mismo lugar. -la mujer se quedó un momento callada, como si hubiera si estuviera escuchando algo-, Disculpad, tengo una urgencia, pueden ir a dormir, continuaremos la charla mañana.

Dicho esto los chicos se levantaron y salieron, seguidos por la capitana, que pidiendo permiso les adelantó y subió de dos en dos las escaleras. Los chicos se miraron un momento.

-Caray, cuantas normas. Bueno, vuelvo con los hermanos Uxián, están arreglando un aparato que recibe cartas, o eso creo, como no les entiendo muy bien, la gente de Mastrara habla muy raro...
-¿Son de Mastrara?
- Eso creo, pero como hablan así... ¿Por qué?
- ¿No lo conoces? Es un país de destierro.
- Y eso, ¿Que quiere decir?
- Que la gente que lo habita ha sido desterrada de su país de origen.
- ¡Ah! Bueno, voy a ver si ya han terminado. ¡Buenas noches Opalena!

El muchacho volvió al castillo de popa, donde los hermanos seguían sumidos en su tarea. La muchacha fue a su camarote. La capitana llegó a la sentina y entendió por qué el perro se había escondido allí.

-Oh, Sr. Eivioc. Anda, vamos, voy a limpiarte y a limpiar todo esto...

domingo, 22 de abril de 2018

ST. JORDI, XURXO, JURDI, JORGE, CHORCHE, GEORGE 2018




Un año más ¡tenemos una cita! Esta vez, gracias a ADE, en Rambla Catalunya, 7. Allí estaremos vendiendo libros, rosas y más. Si queréis que vuestras compras sean solidarias para animales y personas pásate por el stand, de 9 a 21h.

Cuento reciclado de 2013, porque este año no he tenido tiempo, literalmente, para escribir nada nuevo.
Gracias enooormes a Merche Moreno, que me ha prestado uno de sus dragones para ilustrar este cuento.

Unas GRACIÑAS muy especiales al Sr. Le Vieux que desinteresadamente a traducido el cuento al GALAICO, está al final, porque no me caben tres columnas. Es precioso!!!




UNA ALTRA DE  ST. JORDI

Vet ací una vegada un regne, on la principal font d’ingressos era el conreu de les terres. Aquell regne estava supervisat per un rei, ja ancià, i el seu estol de ministres.
El rei tenia una pila de fills, però només una filla, a la que consentia en tot, doncs era la nineta dels seus ulls.
Un dia la nena es va presentar amb un animalot tot estrany, que havia trobat perdut al bosc. Ella se’l volia quedar, però la seva mare va dir que no i el va fer fora del castell.
La nena, però, el va amagar en una cova secreta que només ella coneixia i anava cada dia a posar-li de menjar i veure; també li agradava molt jugar amb ell. Passejaven pel bosc i l’ensenyava a tenir cura de que no el veiessin i així poder anar lliurement on volgués del regne.
Van passar els anys i aquell animalet va créixer un no dir. També la nena havia crescut i ara era una princesa molt eixerida. Sempre que podia anava a buscar el seu amic, que com a fera salvatge vivia lliure entre el bosc i la cova, però s’estimava molt la princesa i continuava venint a jugar amb ella. Durant els anys d’estudi en les corts d’altres països havia fet molts amics i es passava gran part del seu temps escrivint cartes a tot arreu.
El seu animalot menjava tota mena de fruita i verdura, però es delia especialment per les llavors de roses. La princesa tenia molta feina a vigilar que no endrapés gaires, perquè com tothom sap, les llavor de roses restrenyen molt i no era cas tenir un drac salvatge de quatre metres sense poder fer caca.
Però un dia, mentre el drac passejava pel bosc, va descobrir un roser salvatge i se’l va cruspir tot sencer. Va agafar-li un mal de panxa enorme i el pitjor, li van fer venir gasos, que no podia expulsar més que per la boca. De manera que els tranquils camperols de la contrada van veure astorats un monstre que cremava les seves collites, bramulava horriblement i semblava disposat a menjar-se’ls.
De pressa i correns van avisar el rei i aquest enviar els seus cavallers per matar el horrible monstre. La princesa, que per les descripcions dels camperols s’havia adonat que era el seu drac, va ordir un enginyós pla per poder salvar el seu amic.
Es va disfressar de cavaller i va marxar amb l’estol del seu pare. Mentre els cavallers buscaven pel bosc, ella va tornar al castell dient que el drac s’havia menjat tots els seus companys i havia dit que només marxaria quant es cruspís la princesa. El rei no ho volia de cap manera així que convocà el seu poble i els digué que el drac volia com a víctima una donzella. Que farien un sorteig per decidir quina jove seria la escollida.
La princesa va tenir una feinada durant la nit, doncs va anar casa per casa, d’amagatotis, agafant les butlletes que el rei havia donat per escriure el nom de les donzelles, i canviant-les per butlletes amb el seu nom.
Al matí següent, tots van desar la butlleta dins d’un cabàs. El rei demanà a un nen que tragués una butlleta i quant la llegí quedà esfereït, doncs era el nom de la princesa el que hi havia escrit
Com que era davant de tothom, el rei no va tenir més remei que deixar a la seva filla anar al bosc, tota sola. Tot i que li quedava l’esperança que potser un dels seus cavallers hagués matat el drac i li tornés la seva filla sana i estalvia.
La princesa marxà decidida cap a la cova, on el seu drac l’esperava amb aquell mal de panxa tan gros. Ja feia dos dies que no feia caca i començava a inflar-se-li la panxa d’una manera bastant anguniosa. La noia no sabia que fer, tampoc sabia que l’havia provocat aquella inflor. Va sortir de la cova i es trobà un foraster, un noi a cavall que al veure-la es va oferir a protegir-la del monstre que rondava pel bosc. Llavors ella el reconegué, era en Jordi un dels seus amics per carta. L’explicà el seu problema i el noi s’oferí a examinar el drac, ell havia estudiat veterinària  i n’havia tret matrícula d’honor i tot en un màster de draconologia que li va demostrar haver pagat de la seva butxaca. Un primer cop d’ull a la panxa del drac el va posar sobre la pista de el que succeïa.
-Aquest te un empatx de llavor de roser, l’haurem de fer una neteja de budells.
Va preparar una xeringa amb anestesia i la va enganxar a una llança, calia prendre precaucions, li va clavar al drac a la gola i quant aquest es va dormir va obrir-li la panxa i va anar treien les llavors adherides als budells. Algunes d’elles havien germinat i unes boniques roses començaven a obrir-se. En acabar va cosir la panxa ven forta i l’embenà.
-Princesa, el millor seria que me’l portés a la meva casa per guarir-se, quant desperti podrà volar, però no es bona idea deixar-lo sol al bosc fins que la ferida no estigui ben tancada.
La princesa li donà les gràcies i marxar amb ell al castell, perquè tots creguessin que en Jordi havia matat el drac. El rei la volia casar amb ell, però ell s’excusà dient que era cavaller de l’orde de Malta i tenia vot de celibat. Marxà amb el drac a casa seva i allí el va cuidar.
Un camperol que va anar a la cova, va veure tot el terra tacat de sang i les roses que creixien en mig d’ella. Agafà una i la portà al castell, explicà el que havia vist a la cova i ja ningú va dubtar de l’historia que la princesa i el cavaller havien explicat. Fins i tot la van escriure en infinitat de llibres i avui en dia encara s’explica als nens. Però ja ha arribat el dia que tothom sàpiga que hi ha molts dracs que son vegetarians i l’única cosa que s’ha de témer d’ells es que s’atipin de llavors de roser.
M. V. Pirenne





OTRA DE SAN JORGE

Erase una vez un reino, dónde la principal fuente de ingresos era la agricultura. El reino estaba supervisado por un rey, ya anciano, y su ejército de ministros.
El rey tenía un montón de hijos, pero sólo una hija, a la que mimaba y consentía en todo, pues era la niña de sus ojos.
Un día la niña se presentó con un animal raro, que había encontrado perdido en el bosque. Ella se lo quería quedar, pero su madre le dijo que no y lo echó del castillo.
La niña lo escondió en una cueva secreta, que sólo ella conocía, y cada día le llevaba comida y agua y jugaba con él. Paseaban por el bosque, le enseñó a no dejarse ver por nadie más que ella y así podía ir libre por todo el reino.
Pasaron los años y el animal creció una barbaridad. También la niña lo había hecho y ahora era una joven muy alegre y espabilada. Siempre que sus tareas se lo permitía iba al bosque a ver a su amigo, que como animal salvaje vivía entre la cueva y el bosque, pero amaba a la princesa y por ello continuaba jugando con ella.
Durante algunos años, la chica fue a estudiar a otros países e hizo muchos amigos, así que pasaba buena parte de su tiempo escribiendo cartas a todas partes.
El animal comía toda clase de fruta y verdura, pero le chiflaban especialmente los escaramujos. La princesa vigilaba que no comiera demasiados, porque como todos saben los escaramujos estriñen y no era muy buena idea tener un dragón salvaje, de cuatro metros, sin poder hacer caca.
Un día, mientras el dragón paseaba por el bosque, descubrió un rosal silvestre y se lo zampó enterito. A las pocas horas tenía un dolor de barriga espantoso y unos gases que no podía expulsar más que por la boca; de modo que los tranquilos campesinos de la región vieron desconcertados un monstruo que quemaba sus campos de cultivo, bramaba horriblemente y parecía dispuesto a comérselos a todos.
De inmediato avisaron al rey y éste envió a sus caballeros a matar a la bestia. La princesa, que por las descripciones de los campesinos sabía que era su dragón, urdió un ingenioso plan para poder salvar a su amigo.
Se disfrazó de caballero y salió junto al ejército de su padre. Mientras los caballeros buscaban por el bosque, ella volvió al castillo diciendo que el dragón se había comido a todos sus compañeros y lo había dejado escapar para decir que sólo se iría del reino si se comía a la princesa.
El rey no quería permitirlo así que convocó al pueblo y les dijo que el dragón quería una doncella. Se haría un sorteo para decidir la joven que sería sacrificada.
La princesa se las vio y deseó para, durante la noche, ir casa por casa, al más puro estilo ninja, y cambiar las papeletas que su padre había repartido con los nombres de las doncellas de la región, por otras con su nombre.
A la mañana siguiente todos dejaron la papeleta en un cántaro. El rey pidió a un niño que sacara una papeleta y, cuando leyó el nombre quedó desolado, pues era el nombre de la princesa.
Como estaba ante todos no tubo más remedio que dejar ir a su hija, completamente sola al bosque. Aunque guardaba la esperanza de que alguno de sus caballeros hubiera matado a la bestia y le devolviera a su hija sana y salva.
La princesa marchó decidida a la cueva, dónde su dragón la esperaba con aquel dolor de estómago tan bestial. Ya hacía dos días que no defecaba y tenía el vientre hinchado de una manera bastante angustiosa. La chica no sabía qué hacer, ni qué había provocado semejante hinchazón. Salió de la cueva a buscar hiervas purgantes y se encontró a un forastero. Un chico a caballo que al verla se le ofreció como protector del monstruo que rondaba por el bosque. Entonces ella lo reconoció, era  Jorge de Capadocia, uno de sus amigos por carta. Le explicó su problema y el chico se ofreció a examinar al animal, él había estudiado veterinaria y tenía un máster en draconología, que le aseguró haber estudiado y pagado él de su bolsillo, ya que no entraba en el programa universitario.
Al primer golpe de vista Jorge supo lo que le ocurría.
- Este tiene un empacho de escaramujos, vamos a tener que hacerle una limpieza de intestinos.
Preparó una jeringa con anestesia y la ató a una lanza, mejor tomar precauciones, se la clavó en el cuello y cuando el dragón quedó dormido le abrieron la barriga y le extirpando las semillas adheridas en los intestinos. Algunas habían germinado y hermosas rosas comenzaban a abrir sus pétalos.
Una vez concluida la limpieza, le cosió muy bien el vientre y lo vendó con mucho cuidado para que la herida no se abriese.
- Lo más conveniente es que me lo lleve a mi casa hasta que se cure del todo. Al despertar podrá volar, pero no es buena idea dejarlo solo por el bosque hasta que la herida no esté cicatrizada del todo.
La princesa le dio las gracias y fue con él hasta el castillo para que todos creyeran que Jorge había matado al dragón.
El rey quiso casarlo con su hija, pero él se excusó diciendo que era caballero de Malta y tenía voto de celibato. Se marchó a su casa con el dragón y allí lo cuidó.
Un campesino que fue a la cueva, al ver el suelo manchado de sangre y las rosas creciendo en  medio del charco, cogió una y la llevó al castillo. Explicó lo que había visto en la cueva y nadie dudó de la historia de la princesa y el caballero. Hasta la escribieron en infinidad de libros y aún a día de hoy se les cuenta a los niños. Pero ya era hora de que todos sepan que hay muchos dragones vegetarianos y lo único que se debe temer de ellos es que se empachen de escaramujos.
M.V.Pirenne





OUTRA DE SAN XURXO

Había un tempo un reino, onde a agricultura era a principal fonte de ingresos. O reino foi supervisado por un rei, agora un ancián, eo seu exército de ministros. O rei tiña moitos fillos, pero só unha filla, que estragou e estragou todo, porque era a menina dos seus ollos.

Un día a nena foi presentada cun animal raro, que atopara perdido no bosque. Ela quería mantelo, pero a súa nai non dixo e arroxouno do castelo.

A nena ocultaba nunha cova secreta, que só sabía, e cada día traía comida e auga e xogaba con el. Camiñaron polo bosque, ensinárono a non ser visto por ninguén, pero ela, e así podería irse libre en todo o reino.

Pasaron anos e os animais creceron moito. A rapaza tamén o fixera e agora era unha moza moi feliz e intelixente. Sempre que as súas tarefas permitíronlle ir ao bosque para ver ao seu amigo, que vivía como un animal salvaxe entre a cova eo bosque, pero amaba a princesa e así continuou a xogar con ela.

Durante algúns anos, a moza pasou a estudar noutros países e fixo moitos amigos, polo que pasou moito tempo escribindo cartas en todas partes.

O animal comeu todo tipo de froitas e hortalizas, pero adoráballe especialmente as rosa. A princesa observou que non comía moitos, porque como todo o mundo sabe que as xemas están estiradas e non era unha boa idea ter un dragón silvestre de catro metros, incapaz de poder ir ao baño.

Un día, mentres o dragón camiñaba polo bosque, descubriu unha rosa salvaxe e comeu todo. En poucas horas tivo un terrible pescozo de ventre e algúns gases que non podía expulsar, excepto pola boca; para que os campesiños tranquilos da rexión viron un monstro que queimaba os seus campos, desconcertado horriblemente e parecía listo para comer a todos.

Eles inmediatamente notificaron ao rei e enviou aos seus cabaleiros a matar á besta. A princesa, que por descricións dos campesiños sabía que era o seu dragón, ideou un plan xenial para poder salvar seu amigo.

Se disfrazou de cabaleiro e marchouse co exército do seu pai. Mentres os cabaleiros estaban buscando no bosque, volveu ao castelo dicindo que o dragón comera a todos os seus compañeiros e deixouno escapar para dicir que só abandonaría o reino se comía á princesa.

O rei non quería consentilo e convocou á xente e díxolles que o dragón quería unha virxe. Sacaríase un sorteo para decidir á moza que sería sacrificada.

A princesa viunos e desexaba, durante a noite, irse a casa, no máis puro estilo ninja e cambiar as papeleiras que o seu pai distribuíra cos nomes das doncelas da rexión, por outros co seu nome.

Á mañá seguinte, todos deixaron a papeleta nunha jarra. O rei pediu a un neno que tomase unha boleta e, cando lea o nome, o devastaron, porque era o nome da princesa.

Como tiña antes de todos, non tiña máis remedio que deixalo ir á súa filla, completamente tranquila no bosque. Aínda que el esperaba que un dos seus cabaleiros matase á besta e devolvera a súa filla a salvo e ao son. A princesa marchou decididamente á cova, onde o seu dragón agardouna con aquel dolor de estómago tan bestial. Non defecou por dous días e a barriga foi inchada de forma bastante angustiada. A rapaza non sabía o que facer, nin o que causou tal hinchazón. Deixou a cova para buscar herbas purgantes e atopou a un descoñecido. Un neno a cabalo que, ao velo, foi ofrecido como un protector do monstro que percorreu o bosque. Entón o recoñecera, foi Jorge de Cappadocia, un dos seus amigos por carta. Explicou o seu problema eo neno ofreceuse para examinar o animal, estudou medicina veterinaria e tiveron un máster en draconoloxía, o que lle asegurou que el estudara e pagouna polo seu peto, xa que non entrou no programa universitario.

A primeira vista Jorge sabía o que estaba a sucederlle.

- Isto ten un arbusto de rosa, teremos que facer unha limpeza intestinal.
Preparou unha xiringa baixo anestesia e atouse a unha lanza, mellor tomou precaucións, pegouno no pescozo e, cando o dragón adormeceu, abriron a barriga e eliminaron as sementes pegadas nos intestinos. Algúns xerminaron e as fermosas rosas comezaron a abrir os seus pétalos. Unha vez que terminou a limpeza, cosou moi ben o seu ventre e vendérono con coidado para que a ferida non se abrise.

- O máis conveniente é que o leve á miña casa ata que estea completamente curado. Cando esperta pode voar, pero non é unha boa idea deixala só no bosque ata que a ferida estea completamente curada. A princesa agradeceulle e acudiu con el ao castelo para que todos cren que Jorge matou ao dragón. O rei quería casar con el coa súa filla, pero el desculpouse dicindo que era un cabaleiro de Malta e tiña un voto de celibato. Foi a casa co dragón e ocupouse del aí.

Un campesiño que foi á cova, vendo o chan manchado de sangue e rosas crecendo no medio do charco, tomou un e levouno ao castelo. El explicou o que vira na cova e ninguén dubidaba da historia da princesa e do cabaleiro. Incluso o escribiron en innumerables libros e incluso ata o día de hoxe dinos os fillos. Pero xa era hora de que todos sabían que hai moitos dragóns vexetarianos e que o único que se debería temer é que embalan as rosas.

M.V.Pirenne

sábado, 31 de marzo de 2018

AVENTURAS EN LA MARYGALANTE Cap.5

Hola! Como veis el trazo de la ilustración ha cambiado, a partir de ahora Merche Moreno toma el timón en poner imagen a la historia.Se acerca Sant Jordi y este año, de nuevo, voy a dedicar el 10% de las ventas a ADE, para seguir colaborando en el rescate de animales. Gracias a todos!!
CAPÍTULO 5

ESPERADOS E INESPERADOS REENCUENTROS



Un estruendoso Kikirikííííííí rasgó el sereno silencio de la noche. Opalena no había dormido muy bien y tras el susto que le produjo aquel canto tan sonoro fue incapaz de seguir durmiendo; por ello cuando la Sra. Lotte llamó a su puerta ya estaba levantada, vestida y con su equipaje recogido, las sábanas en el cesto de la ropa sucia, la manta doblada y la ventana abierta.

Ereleig se acababa de lavar la cara cuando llamaron a su puerta. Abrió y ya estaban allí la Sra. Lotte y Opalena vestidas y esperando. El chico se puso los zapatos y cogió su petate.

- Ya estoy listo.

La Sra. Lotte le sonrió y le señaló la cama. El muchacho la miró confuso.

- No, no la entiendo Sra. Lotte.
- Lo siento Ereleig, me cuesta recordar que no estás acostumbrado a viajar y pernoctar fuera de casa. Una excelente norma a seguir, cuando estamos fuera de nuestro hogar, es dejar todos los lugares en los que estamos mejor que como los hemos encontrado. En ocasiones no es posible, pues el lugar es inmejorable, entonces lo dejamos tal cual lo hayamos. En este caso, al ser una posada la dejaremos en las mejores condiciones para su limpieza. Las sábanas sucias en el cesto de la ropa sucia, la manta bien doblada sobre el taburete. Las toallas que has utilizado, si están secas, al cesto y si están mojadas en el suelo. La ventana abierta y cuando el personal de limpieza venga podrá realizar su trabajo y te estará muy agradecido por facilitarle la tarea.
- Muy bien Sra. Lotte.

El chico dejó su petate e hizo tal como la mujer le había explicado. Una vez la habitación estuvo lista cogió de nuevo sus cosas y bajaron a desayunar. Dejaron el equipaje en la sala de guarda de la posada, así podrían hacer las compras con soltura.

Al ir a salir a la calle se encontraron con el Sr. Lay que entraba. Tenía la capa mojada, una fina capa de barba y su habitual sonrisa.
- Buenos días Sra. Lotte, Opalena, Ereleig.
- Buenos días Kuncita, te has levantado muy temprano o no has dormido en la posada...
- Tuve que madrugar Sra. Lotte. Esta vez puedo quedarme con Ereleig, si no lo necesitáis para algo en concreto.
-¿Que dices Ereleig, te quedas con el Sr. Lay o vienes con nosotras?
Por primera vez en su vida el muchacho tenía que elegir, hasta el momento siempre le habían dicho lo que tenía que hacer, a dónde ir o con quien estar. Por un lado le apetecía pasear con el Sr. Lay pero también quería volver a la biblioteca, quería ver aquellas estanterías una vez más, se había pasado la noche soñando con ellas. La Sra. Lotte notó su duda e intentó ayudarle.
-Ir de compras es bastante corriente, puede ser incluso repetitivo. Acompañar al señor Lay suele ser, por norma, una aventura diferente, nunca se sabe por dónde puede acabar un paseo con él. 

En lugar de ayudar lo que consiguió fue confundir al chico.

- Sra. Lotte, por favor, está usted exagerando. Ereleig no voy a ofenderme porque no quieras acompañarme. Si te apetece más ir de compras adelante.
-Es que, me gustaría poder ir otra vez a la biblioteca- se excusó el muchacho.
-Si es sólo por eso no hay problema, ve con el Sr. Lay y hacia las doce nos encontramos en la biblioteca. ¿Te parece bien Kuncita?
-Me parece estupendo- respondió el hombre.
- Resuelto entonces, Opalena se queda conmigo y Ereleig que pasee por el puerto. Nos vemos en la biblioteca a las doce. ¿Está lloviznando?
- No, es el rocío de madrugada, tuve que salir muy, muy temprano. Que tengáis una mañana estupenda y encontréis todo lo que precisáis.
- Gracias Sr. Lay, lo mismo os deseamos. ¡Hasta luego!

La Sra. Lotte salió seguida por Opalena. Ereleig les dijo adiós con la mano desde el ventanal de la posada.

- Bien muchacho -dijo Kuncita-, voy a asearme un poco y a recoger mis cosas e iremos a capitanía a arreglar un asunto para la capitana. No tardaré mucho, si te apetece toma una taza de cacao, le dices a la camarera un especial Kuni, verás que delicia te prepara mientras esperas.

- Sí Sr. Lay, gracias.

El hombre subió a su cuarto y el chico fue al comedor de la posada. Tras la barra estaba la mujer alta y delgada que les había recibido la noche anterior. Ereleig le hizo una pequeña inclinación de cabeza, tal como le habían enseñado en el hotel.

- Buenos días señora, el Sr. Lay me ha pedido que lo espere y mientras lo hago que tome una taza de cacao especial Kuni.
-Vaxa, exo sí ex una novedad. E un privilexio, ex la primera veis que Kuncita reconoxe que tenemox una bebida expexial para él. Axí me decix xi tambén la encontraix exquixita.

El dulce acento de la posadera le recordó a Ereleig a una "familia bien" del planeta Ciagali, que había pasado una semana en el hotel, pero a diferencia de la posadera, toda la familia era de estatura más bien baja y con grandes músculos. La forma de hablar fue lo que le llamó más la atención por lo diferente del acento, se preguntó si la mujer también sería de aquel planeta. Al cabo de un ratito la posadera salió con una gran taza humeante. Le indicó a Ereleig que la siguiera y se la dejó sobre una mesita junto a la ventana.

- ¡Bon provexo! ¿Queréx extar xolo o queréx que ox haga un poco de compañía? -la expresión sorprendida del muchacho le hizo gracia-. Te explicaré una leyenda de Emmerald. Vox comex el cacao que no xe enfríe.
Al meter la cuchara en la taza, el chico comprobó que la consistencia de aquel cacao era totalmente diferente al que había tomado en el Antro. Este cacao tenía una consistencia parecida al puré de patata. Al probarlo le supo tan rico como el del Antro, aunque era diferente. La mujer le sonrió.
- ¿Te guxta?
- ¡Es delicioso señora!
- Uno de lox xecretos ex la leise de dada. Aquí en Emmerald la leise de dada tiene un xabor expexial por la herva de Ebanno. ¿Xabex quien ex Ebanno?
- No, señora.
- Ebanno era un creador, viajaba por muchox lugarex y creaba coxax. Aquí en Emmerald llegó con la luna grix, haxe muxos muxos muxos xiglox y xe enamoró de una muxaxa de la ixla, era la bibliotecaria, entonxes la biblioteca no era tan grande como ahora, xolo tenía la planta baxa, que ahora ex el dexván. Toda la ixla era muy diferente, puix caxi todo eran rocax y xolo en el xentro había pradeiras com herva, e la gente que vivía tenía que vigilar muixo las provixionex. Ebanno quería millorar la calidad de vida de las xentes, en expexial la de la fermoxa Xabela, que era la muxaxa de quien extaba enamorado y creó una herva nova, que podía crexer xobre lax rocax, y toda la ixla xe llenó de verde, y los dadas que vivían aquí comenxaron a multiplicarxe, y a dar una leise con un xabor diferente y muy bona. Graxiax a esta leise el comerxio de la ixla comenxó a florexer. Ebanno le pidió matrimonio a Xabela y le dijo que como regalo iba a fer un libro expexial, con toda la flora y fauna de todox os lugarex a lox que xe podía ir en una vida. Pero el creador olvidó que la vida de una emmeraldiana ex muito max corta que la de un creador. Cuando Ebanno volvió con el libro, Xabela era viexita viexita, yuxto duró para morir en braxos del creador que le regalaba el libro max formoso que ella había vixto. Dixen que el libro está en el dexván de la biblioteca de Emmerald, que al dia xiguiente tenía doix plantax. Nadie vio maix a Ebanno ni xe xabe dónde extá el corpo de Xabela, pero xuxede en ocaxiones que la biblioteca a crexido por xi mateixa y por exo ara tene xinco plantax y xolo el bibliotecario Mayor e contadax perxonax pueden xubir al dexván.
- Yo he subido, ayer con la Sra. Lotte, y ví el libro, ¡y me habló!
- Vaxa, exo xí ex toda una xorprexa, e un gran gran privilexio. També lo ex navegar en La Marygalante, pocox barcox xon com ella, yo no conoxco ningún otro. ¿E cual ex tu nombre futuro marinero?
- Ereleig señora.
- ¡Ma coxa! Exo ex xuertudo en lengua kogán. ¿De on erex?
-Soy de Letuga, durante unos años viví en Gora-Gura y luego me trajeron a Komo a trabajar en el Gran Hotel, pero sin querer un bromen se intoxicó y me enviaron al mercado, allí nos compró el Sr. Lay. ¿De dónde es usted?
- Del exte de Ciagali.
- Usted perdone, pero su acento me sonaba de allí. Una vez vinieron clientes al hotel y hablaban como usted, aunque eran muy diferentes de usted.
-¿Eran baxox e fuertex?
-Sí.
-Nortenos, de Ñacoru. Lax xentex del oexte lox Lucux xon muy peludox, hombrex e muxeres. Lox del sur Xenoure tenen la piel dorada e no xon ni tan altos como noxotros ni tan fortex como los norteñox. E noxotros los de Vedraponte semos ¡lox max guapox! Ja ja ja ja jaaaa.
- Creía que los más guapos éramos nosotros los de Eyre-replicó Kuncita mientras se acercaba al dúo.
- Exo depende de a quien le preguntex, ja ja ja ja ja. ¿No xe levantan aún tux compañerox?
- No, no creo que lo hagan hasta las once, ayer cerraron el Antro. Duncan quiso aprovechar que Mis Egaine llevaba la flauta y montaron una velada musical improvisada. Pero zarpamos esta tarde con la primera pleamar así que a las doce seguramente tienes las habitaciones desocupadas. ¿Qué te ha parecido mi especial Ereleig?
-Delicioso señor y la señora me ha explicado una leyenda muy interesante.
-Para leyendax interexantex la capitana, Larimar O´brian sabe contar cuentox, xi un dia querex xaber max coxax de Ebanno le pidex, ella fue la que me lox contó a mí.
-Gracias por acompañar al chico Andurinna. Vamos a terminar de arreglar unos asuntos y antes de zarpar vengo a pagar la cuenta.
-Que tengaix un matí provexoxo.

Kuncita y Ereleig salieron de la posada cuando ya el sol se abría camino en un cielo azul salpicado de gavimetas que salían a buscar el almuerzo a alta mar.

El puerto, que cuando llegaron estaba tranquilo, era un hervidero de gente, animales y vegetales de todas las formas y colores posibles. El día anterior Ereleig se había limitado a seguir a la tripulación, sin reparar en los muchos barcos, buques, veleros y barcas que se mecían tranquilos en sus amarres.

El edificio de capitanía era pequeño y de una bonita piedra marrón claro. El techo estaba tapizado de hierba verde y el muchacho descubrió un pequeño dada que pacía allí, tan tranquilamente. Dentro había casi tanto bullicio como fuera. Fueron hasta una puerta con un letrero de bonitas letras entrelazadas. Como Kuncita le dijo que lo esperar fuera el chico se entretuvo en descifrar el letrero.

-" La p con la a pa, la te con la e y la ene ten, pa-ten, tes, pa-ten-tes. ¡Patentes! Debe ser el sitio de las patentes. ¿Que serán las patentes?"

Mientras el chico pensaba en las patentes el Sr. Lay se giró y lo saludó desde dentro. Con gestos le indicó que le faltaba aún un poco. El chico asintió y levanto los dedos índice y corazón de la mano derecha en señal de recibido; se lo había enseñado Corma en su primera lección como grumete. El gesto llamó la atención de unos cuantos chicos que estaban esperando en el rincón de la tetera.

- ¿Habéis visto a quien le ha dado el recibido?- preguntó el más alto de todos, llamando la atención de sus compañeros.
- ¿Quien?
- Ese chico junto a la puerta de Patentes-el chico alto señaló a Ereleig.
- No. ¿A quién? -preguntó otro chico alzándose y fijando la mirada en la cristalera.
- Fijaos en el tricornio y la capa -les puntualizó el chico alto señalando a Kuncita.
- ¡El Sr. Lay-Malone! Eso quiere decir que La Marygalante está en puerto- dijo un muchacho cuya piel estaba cubierta de pecas verdes.
- No, la hubiéramos visto, pero si él está aquí seguramente arriba a puerto y ese chico debe ser grumete de la nave.
- Uauuuuu. ¡Vamos a preguntarle!- propuso el muchacho de las pecas.
- Tranquilos, ya lo hago yo- sentenció el chico alto.
- No, vamos todos. ¿O te crees que por ser primer grumete del Jacaré eres el que manda?
- Mira quién habla, el sub grumete de La Astutichia , la única nave con el gran privilegio de no salir jamás a alta mar...
- Al menos tenemos la Patente de Costa, de "toda" la costa, algo que jamás ha tenido el capitán Cox, ni siquiera ha tenido una patente ni de mercante.
- El Jacaré es un buque explorador; surca mares, conoce nuevos horizontes, descubre nuevas costas, algo que no sabría ver el capitán Eóghan ni aunque surgiera una nueva isla frente a Emmerald.
- ¿Le vamos a decir algo o vais a discutir sobre qué barco es el mejor?-preguntó el chico de las pecas.

Se acercaron a Ereleig en tropel y comenzaron a preguntar al mismo tiempo, por lo que el chico no entendió a ninguno de ellos. Instintivamente le salió el gesto de permiso para hablar, llevando dos dedos de la mano izquierda a la comisura de los labios. El efecto fue inmediato y los chicos se callaron. Pero entonces el Sr. Lay salió del despacho.

-¿Sucede algo señores?
- Nada en absoluto Sr. Lay -contestó el chico alto.
- Pues que tengan buen día. Vamos Ereleig.

Los chicos les abrieron paso y se quedaron mirando cómo salían de capitanía. Corrieron hasta las cristaleras para ver si podían verlos. El chico de las pecas propuso salir al puerto en cuanto les dieran permiso, a ver si podían ver aquel barco del que tantas historias corrían y que tan pocos habían visto con sus propios ojos. Kuncita propuso ir ya directamente a la biblioteca y Ereleig estuvo más que de acuerdo. Tenía muchas ganas de volver a ver las estanterías.

A la luz del día las puertas le parecieron al chico aún más impresionantes y hermosas. Sin darse cuenta subió los escalones de dos en dos y se quedó frente a ellas admirando los grabados. Kuncita sonrió al ver al chico subir las escaleras corriendo. Se disponía a subir muy lentamente, para que Ereleig disfrutara de las vistas, cuando una voz lo llamó.

- ¡Kuncita Lay-Malone! Eres el hombre más abominablemente desconsiderado que he conocido hasta el momento, y he conocido unos cuantos.

El hombre se giró y supo que tenía un pequeño problema. La voz era la de Ciara, la más malhumorada de sus novias de Emmerald. Con tan poco tiempo en puerto había tenido que decidir a quién ir a visitar. Se había decidido por Saoirse, que era a quien no había visitado la última vez que estuvo en la isla. Estaba convencido de que no habría problema y para cuando el resto se enterara ya habrían zarpado. Pero la visita de madrugada había sido advertida por más personas de las que él pensaba. Se acercó a Ciara con la más encantadora de sus sonrisas.

- Querida Ciara, siento mucho no haberte avisado, pero llegamos ayer, ya tarde, y partimos dentro de poco. Te mereces una visita en condiciones, no un simple hola y adiós.

Por toda respuesta la mujer le tiró a la cara un fajo de cartas.

- No quiero volver a saber nada de ti.

La mujer dio media vuelta y se fue caminando a grandes zancadas. Kuncita recogió las cartas y las guardó en su bolsa de viaje. Ereleig seguía ensimismado con la puerta, por lo que no había visto nada. El hombre suspiró y subió las escaleras despacio, pero ahora ya no era por dejar tiempo al chico, sino por darse tiempo él. Tuvo que carraspear un par de veces antes de que Ereleig advirtiera su presencia. Entraron en el edificio y fueron a la sección de cartografía. Si las estanterías de la sección infantil le habían gustado, las de cartografía, que eran totalmente diferentes, le gustaron aún más, por lo que el chico volvió a quedarse ensimismado siguiendo los intrincados dibujos. Kuncita fue a pedir unas copias de algunos mapas y a preguntar por la Sra. Lotte.

La Sra. Lotte y Opalena ya habían realizado la mayoría de las compras. Aunque a casi cada dos pasos alguien paraba para saludar a Emma y ésta no dejaba pasar la ocasión de preguntar por todo y todos. La muchacha se sentía terriblemente incómoda y se sorprendió añorando su mesita del rincón, trinchando verduras, en la cocina del barco, tranquila y sola. Cuando llegaron a las puertas de la biblioteca la muchacha se sintió aliviada. La Sra. Lotte le dijo que la esperara en la sala infantil, y que eligiera algún libro para el viaje, mientras ella recogía el pedido que había hecho la tarde anterior. La chica cogió un álbum ilustrado y se fue al alféizar de la ventana.

Al haber pasado la mayoría de la noche en blanco, sin darse cuenta, se quedó dormida. Soñó con la casa de los Pema, ella estaba en la Sala de Gala intentando encender el fuego, pero no había manera por mucho que lo intentara. Una voz severa comenzó a increparla e insistirle en que encendiera el fuego de una vez, pero cuanto más empeño ponía ella menos conseguía la llama, hasta que la levantaron por el pelo y la apartaron a un lado. La Archiduquesa la miraba con severidad "No sirves para nada, tendremos que deshacernos de ti, te enviaremos al peor lugar que pueda existir, sí allí vas a ir, al lugar del que nadie vuelve, dónde sólo hay desolación y muerte". Entonces apareció la Sra. Lotte por detrás de la Archiduquesa y la cogió por el hombro "Opalena, Opaleeenaa".

La chica despertó y se encontró a la Sra. Lotte que la miraba mientras le sacudía ligeramente el hombro. Tras ella vio al Sr. Lay que la miraba divertido y se avergonzó tanto que al querer levantarse se enredó con la falda y cayó al suelo desde el alféizar.

- Opalena, ¿Te has hecho daño? -se preocupó la Sra. Lotte-.
- No, no es nada, lo, lo siento Sra.
- Tranquila, todos nos hemos dormido en las ventanas de la biblioteca, se está tan tranquilo, caliente y seguro aquí que, simplemente ocurre. Vamos al mostrador a realizar el préstamo y a almorzar al puerto. Kuncita, por favor, ve por Ereleig. Opalena, por favor, puedes coger estos libros, creo que también los llevaremos, por si el viaje se alarga más de lo previsto.

El hombre salió de la sala, al igual que las mujeres. La Sra. Lotte fue al mostrador seguida por la chica. Faltaban algo menos de dos metros para llegar cuando un hombre paró a la Sra. Lotte.

- ¡Emma! He oído que estabas en la ciudad y me he dicho: Harold aprovecha y dile algo o ves a saber cuando la tendrás a tiro de nuevo. Estás estupenda, siempre tan bien vestida, tan bien peinada, tan redondita y tan colorada. Una deliciosa manzana de Una.
- Harold, siempre tan adulador.
- ¿Me harás el honor de comer conmigo? Te invito, perdón vas con una pupila, os invito al Rama Roja.
- Lo siento, ya hemos quedado con el resto de la tripulación, Kuncita ha ido a buscar a mi otro alumno y en cuanto hagamos el préstamos vamos al puerto, salimos con la primera pleamar de la tarde.
- ¡Oh qué pena! Debí venir ayer, en cuanto me enteré de que estabas en Emmerald, hubiéramos cenado. Tendré que esperar otro montón de meses hasta que vuelvas. ¿Dónde vais?
- A Hobrén  - el nombre se le escapó sin darse cuenta.

A Opalena se le cayeron los libros. El hombre miró a la Sra. Lotte y sonrió.

- ¡Que graciosa eres Emma! Anda, sin bromas, ¿A dónde vais?
- ¡Ay! no sé, aún no tenemos el destino fijo, de aquí zarpamos a An-Dro y de allí iremos a otro sitio, pero no recuerdo dónde - el rostro de la mujer comenzó a sonrojarse.

La expresión risueña del hombre cambió de inmediato.

- ¡Ajá, secretos! A An-Dro y de allí no sabes dónde. ¿No será que esperas ver a "alguien" en el Baile del Farol? Con la ilusión que he venido a verte y todo para confirmar que sigo sin tener el menor interés para ti. Tanto navegar con esa mujer te ha pegado sus extravagancias.
- Harold, te agradeceré no hables de ese modo de Larimar O'Brian, por respeto a su cargo como mínimo.
- Lo siento Emma, es que me siento decepcionado, preferir vivir en ese cascarón enseñando a unos chicos que ves a saber de dónde proceden -el hombre miró a Opalena-, sin ánimo de ofender pequeña, en vez de en mi mansión, me cuesta de entender.
- Harold, me halaga tu interés pero, de momento, sigo al servicio de La Marygalante.
- En fin, la próxima vez no te escaparás.
- Cuando venga a Emmerald, de visita, prometo quedarme en tu casa Harold.
- Lo has dicho, y lo dicho es ley.

Kuncita se acercó con Ereleig, por lo que el hombre saludó y se fue. La Sra. Lotte llegó al mostrador y por fin pudo hacer el préstamo, al no saber con exactitud la fecha de vuelta dejó el préstamo abierto, otro de los privilegios de haber sido bibliotecaria.

La tripulación se encontró al completo en el Lorely's, la taberna más antigua de la isla. Curiosamente los cuadros, que atiborraban las paredes, tenían la misma temática: Loreleis. Loreleis de todos los colores, solas o en grupo, en el mar o sobre rocas y playas, alegres,  risueñas, juguetonas, tristes, enfadadas, meditabundas, luminosas, oscuras, nadando, tomando el sol, acicalándose e incluso una te hacía burla desde su cuadro, miraras a dónde miraras una o varias sirenas te devolvían la mirada. Ereleig lo encontró divertido e intentó comentar algún cuadro con Opalena, pero la chica le respondió de mala gana y sólo con monosílabos, así que el chico la dejó tranquila.

La comida era buena, el Sr. Cook  hizo un comentario sobre cada uno de los alimentos. El camarero que les sirvió, un joven de piel llena de pecas verdes, agradeció cada uno de ellos y prometió informar a la cocinera. Una vez terminados los postres se retiraron a tomar té y esperar a que el Sr. Dandy les indicara cuando bajar a puerto. La mención del perro hizo que Ereleig se preguntara dónde había estado, ya que desde que se separaron ante la puerta de la posada no lo había vuelto a ver. Pidió permiso para salir a la puerta de la taberna. Kuncita se lo concedió y el chico salió del recinto, quedándose a la vista desde la cristalera del salón de té.

Su presencia llamó la atención del grupo de grumetes que lo habían visto en capitanía. De nuevo fueron el tropel y lo rodearon. Ereleig se sintió un tanto incómodo.

- Hola ¿Qué queréis?
- Niall, primer grumete del Jacaré, capitán Freiser Cox. ¿Vas con el Sr. Lay-Malone?
- Sí.
- Ciaran, Sub grumete de La Astutichia, capitán Eóghan Moore. ¿Dónde está La Marygalante?
- En el mar.
- ¿Y eres...?
- Ereleig uno de los dos grumetes.
- Sólo dos, eso quiere decir que no van a ir muy lejos- dijo el chico alto-. ¡Eres el primer o el sub grumete?
- No, no lo sé. Soy nuevo en esto de navegar -confesó un tanto avergonzado.
- ¡Venga ya! Es bien sabido que la capitana no admite a cualquiera en esa nave, no es un barco corriente y dices que nunca has navegado.

Unos ladridos resonaron desde el tejado de la taberna. Todo el grupo miró y sobre éste se hallaba el Sr. Dandy.

- ¡El perro maldito! -gritó uno de los más pequeños señalando al can.

Los muchachos retrocedieron y pusieron pies en polvorosa hacia sus respectivos barcos; todos querían ver entrar a puerto a La Marygalante y el perro era su pregonero. Ereleig se quedó un tanto confuso y que el Sr. Dandy bajara tan tranquilamente por la pared lo volvió a asombrar. El can se le acercó hasta quedar a unos centímetros de sus pies y movió la cola con alegría. Dio un par de vueltas sobre sí mismo y fue a la cristalera, dónde ladró, saltó y rodó hasta que toda la tripulación le hizo el gesto de recibido.

Ante el amarre se hallaba una carreta llena de provisiones. El Sr. Cook repasó el contenido. Tras él la Sra. Lotte comprobó que, en la caja con su nombre, se hallaba todo lo adquirido en las distintas tiendas, además de los libros de la biblioteca. Los hermanos Uxián también comprobaron un par de cajas y dieron el visto bueno a Kuncita. El segundo sacó su libreta e hizo unas cuantas anotaciones. Ereleig se puso al lado de Opalena.

La muchacha seguía muda y cabizbaja. Le había costado comer y en su mente resonaba una y otra vez aquel nombre que había pronunciado la Sra. Lotte. Hobrén, después había dicho An-Dro y la chica dudaba de si lo había escuchado bien o mal. El extraño sueño de la biblioteca le volvía una y otra vez al pensamiento y aquel nombre, el nombre del destierro, le había herido los oídos. Hobrén era conocido como "el lugar del que nadie vuelve". An-Dro le sonaba de haberlo escuchado en alguna fiesta del Archiduque, era uno de esos lugares dónde sólo eres admitido si perteneces a la nobleza. El miedo volvía a apoderarse de su mente y aquel animal tan cerca no la ayudaba mucho a controlarlo. Además el Sr. Lay estaba extrañamente serio y la chica se preguntaba qué habría ido a hacer de madrugada por la isla. El Sr. Dandy comenzó a corretear alrededor del noray.

- Bien tripulación- comenzó Kuncita- en breve subiremos a bordo. Si les parece bien pasaré ahora la lista: Sr. Roc Refrany Primer Timonel.
- Presente.
- Miss Egane Dulac, segunda timonel.
- Presente.
- Sra. Emma Lotte, enfermera y docente.
- Presente.
- Sr. Hidie Uxián, marinero y mecánico.
- Presto.
- Sr. Corma Uxián, marinero y carpintero.
- Presto.
- Sr. John Cook, cocinero.
- Presente.
- Srta. Opalena, ayudante de cocina.
- Presente -contestó la muchacha a media voz.
- Sr. Ereleig, grumete.
- Presente.

Una vez terminada la lista, el segundo guardó la libreta en su petate y se puso tras el carro de avituallamiento, con el Sr. Dandy a su lado moviendo la cola alegremente. Al poco comenzó a avistarse la silueta de La Marygalante entrando al puerto. La capitana sostenía el timón con el Sr. Eivioc a sus pies. Suavemente el buque se deslizó hasta su sitio y la capitana lanzó un cabo, que los hermanos Uxián tomaron al vuelo y enrollaron levemente en el noray. La nave comenzó a virar hasta que todo el costado estribor quedó a escasos centímetros del embarcadero. Se abrió una puerta corredera hacia la mitad del barco y una amplia rampa se desplegó lentamente hasta unir el buque al amarradero. Era lo suficientemente amplia para que el carro pudiera subir al barco. Lo que sucedió con la ayuda de toda la tripulación adulta.

Una vez vaciado de su contenido, el carro fue devuelto a tierra. Los chicos cruzaron la pasarela y por último el Sr. Dandy subió a bordo. La rampa se recogió, la puerta corredera volvió a su sitio y con un hábil gesto el Sr. Lay desanudó y recogió el cabo que los sujetaba al noray. El Sr. Refrany se hizo cargo del timón y la capitana les dio la bienvenida.

- Bienvendos de nuevo a La Marygalante. Comienza nuestro viaje. Rumbo nor-noreste a An-Dro.

Cada uno de los tripulante fue a su camarote a prepararse para la singladura. Opalena miró nuevamente la borda de estribor, con aquella puerta corredera. Ni rastro de las escaleras por las que habían subido por primera vez a bordo.